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GRANJERO ESPANTAPÁJAROS, ENTREVISTA A RODRIGO SPAGNUOLO

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Granja de Piratas es un espectáculo de música y teatro destinado al público infantil y familiar, que a partir de dos términos muy familiares para los más pequeños (la granja y los piratas),  desarrolla una entretenida historia con un alto contenido didáctico e interactivo

El espectáculo consta de diez canciones con una gran carga lúdica, plantadas y cosechadas con los niños, en los talleres que realizan los compositores, interpretadas por un grupo de músicos de primer nivel.

Rodrigo Spagnuolo es el director y autor de los textos del espectáculo, además de tocar la guitarra y darle voz a las canciones. De todos estos aspectos, y sobre todo del cuidadoso pero gratificante trabajo que implica llevar adelante una obra para niños, habla Spagnuolo en la siguiente entrevista.

“Soy principalmente hierba silvestre, me tiré al agua siempre, y fui aprendiendo por el camino, ejerciendo primero como actor y después dirigiendo, y ayudándome, leyendo mucho, mirando algo de teatro y muchísimo de cine, estudiando en casa y participando de algunos talleres”

 -Cuéntanos ¿cómo te resulta incorporar tu experiencia de músico a una obra infantil y qué te dejó el contacto con niños en el teatro?

-Natural y gratificante. En el sentido de que no es algo que une se cuestione, ¿no? Sino que es algo que disfrutamos espontáneamente. Todos los que integramos el equipo o somos padres, o tíos, o trabajamos en talleres con niños. Todos tenemos muchos amigos niños y disfrutamos muchísimo de su compañía. La música para un músico está integrada a la vida de la casa, la guitarra aparece todo el tiempo, el piano se destapa para proponer un juego. En casa tengo cuatro violas, por ejemplo, una es una especie de ukelele maltrecho y hay otra que está cascoteada. Esas son las que Filippo, mi hijo más chico, el de dos años, sabe que las puede usar, y las otras dos sabe que no porque son las que uso para trabajar. Y cuando yo agarro la guitarra él en seguida se prende con algo, o con otra guitarra, o trae el xilofón, o le pega con lo que tiene en la mano a la mesa, o pide que le arme una batería doméstica que nos inventamos, con un redoblante chico, un pedal de bombo con el que le pegamos a una maleta y un platillo que ponemos en posición colocándolo en el tarugo del posabrazo roto de una silla.

Mi hijo desde que nació me vio subirme a un escenario, mi hija de once años también, cuando vivíamos en España, y los dos comparten amor por la música. Y cuando yo era chico era parecido, mi abuela tocaba y cantaba en casa, me dio mi primera clase de guitarra.  Y la primera guitarra que tuve me la hizo mi abuelo con una tabla como mango, una lata de goiabada como caja acústica y tres cuerdas hechas con tanza, cuando yo tenía cuatro años. Y entonces yo le cantaba la canción del Chorrito a mi hermano chico para que se durmiera, y, fijate vos, esa misma canción la grabamos en el primer demo de Granja de Piratas que hicimos con Nico. Es decir, a eso me refiero con natural, es natural hacer música para niños, como es natural para mí generar otros contenidos culturales pensando en ellos. Creo que es algo que tiene que ver con no perder la niñez. Si miro para atrás sigo siendo el mismo, sigo tocando, disfrazándome, actuando, inventando historias, lo mismo que hacía cuando era chico. Convivir y trabajar con niños lleva mucho esfuerzo, tiempo y trabajo, pero es goce al cien por ciento y también ayuda a tener clara la cuestión lúdica. No sólo noto esa influencia en las cosas que hago para niños, si no en las cosas que hago para adultos también, y lo mismo le pasa, estoy seguro, al resto de Granja de Piratas. El humor, la alegría por la vida, la cosa maravillosa ante el descubrimiento de todo, el conocimiento profundo de la vida que los adultos van perdiendo y que niños defienden en el mundo  con tanta elegancia, fuerza y belleza, mejor que nadie, son influencias renovadoras para lo que hacemos. ¡Pilas!

-¿Tuviste esa experiencia con anterioridad en salas como la Zitarrosa por ejemplo?

-Si, con Granja de Piratas hicimos un ciclo en vacaciones de julio, de ocho funciones, más una doble función en setiembre. Antes hicimos un formato piloto del espectáculo que lo llevamos dos veces a Salto, al Teatro Larrañaga, creo que fueron también unas ocho funciones en total, no me acuerdo bien. Y también estuvimos en esa etapa dos temporadas de invierno en la Experimental de Malvin. Eso fue antes de incorporar a Nacho Labrada en las teclas y el desarrollo visual de video a partir de las ilustraciones de mi madre, la pintora Virginia Patrone. Pero fue una etapa que nos permitió  ajustar el lenguaje y sentar las bases de lo que fue el disco. Antes yo había trabajado en España ocho años escribiendo, dirigiendo y actuando en obras de teatro musical para niños, con música en vivo, en giras nacionales. Esa fue una experiencia previa importante también, porque nos permitió como equipo trabajar sobre un formato que ya estaba en funcionamiento y que había tenido éxito afuera, pero la intención siempre con Nico Varela, que se encarga de la producción musical, fue la de llevar ese lenguaje a un nivel superior, dándole a la música el máximo estándar de calidad posible tanto en el disco como en el espectáculo, y poner a funcionar el dispositivo teatral a partir de eso, asumiendo esa premisa. Digamos que en lo personal pasé del teatro musical (con música en vivo, siempre estuve en contra del sistema de pistas y playback) al concierto teatralizado.

-¿El oficio de  director fue con formación de alguna escuela?

-Soy principalmente hierba silvestre, me tiré al agua siempre, y fui aprendiendo por el camino, ejerciendo primero como actor y después dirigiendo, y ayudándome, leyendo mucho, mirando algo de teatro y muchísimo de cine, estudiando en casa y participando de algunos talleres. Aprendí a actuar de chico, con obras que nos inventábamos en el barrio y en la escuela, y con mis hermanos y mi madre en mi casa. A fines de los noventa me hice muy amigo de Atilio Leites, él si un actor formado, y montamos un dúo de teatro humorístico. En aquella época nos presentábamos en boliches de Montevideo, por lo general en un programa combinado con las bandas en las que yo tocaba. Fue enorme lo que aprendí de Atilio y magias de la vida hicieron posible que años después se me diera la suerte de poderlo incorporar a mi compañía en España, donde él aún vive. Trabajamos varios años juntos, en giras, compartiendo escenario con un grupo hermoso, una verdadera alegría. Cuando volví a Montevideo en el 2008 tuve la suerte de seguir y escribiendo y componiendo para la misma compañía durante un tiempo. Justo en esas fechas el INAE estaba impulsando el Programa Laboratorio para la formación de directores y dramaturgos, visto que eran oficios que no tenían todavía una carrera formal en Uruguay. Me anoté en esos talleres, y eso estuvo bien, me hizo compartir espacio con otros directores, escuchar a gente de gran trayectoria, digamos que ahí la hierba silvestre se pudo identificar un poco con otras hierbas, lo cual no está de más de vez en cuando.

-¿Recurriste a un elenco experimentado en obras infantiles?

-Recurrimos a grandes músicos y a Bettina, amiga del alma que viene del mundo de la recreación y que tenía poca experiencia como cantante, pero un potencial enorme, tanto en la voz como intérprete escénica, además de tener mucha experiencia arriba en el trabajo con niños, dentro del grupo Homoludens. Entre esos grandes músicos a los que recurrimos, además de Nico Varela que es co-autor de las canciones y responsable de la parte musical, siempre estuvo en el equipo Martín Ibarburu, que es una de las artistas más mágicos que conocí en mi vida. Aparte de ser un gran tipo y músico emblemático, es una persona que ejerce desde el instrumento una influencia apasionante en lo que pasa arriba y abajo del escenario. El elenco lo terminan de conformar Sebastián Delgado en la guitarra y Nacho Labrada en los teclados, también bestias de músicos los dos y tipos graciosísimos, que supieron prestarse con mucho humor a los juegos teatrales que el espectáculo requería, igual que lo hizo el resto del equipo.

-El éxito que obtuvieron va a repetirse en El Galpón y luego ¿la seguirán dando o esperarán a julio?

-No sé cómo responderlo, sería hacer un pronóstico, quien sabe, supongo que sí, en cuanto a la primera parte de la pregunta, digo. ¿A dónde iremos reponiendo la obra? Hoy mismo no sabría decírtelo, hay planes e ideas, pero nada que corresponda anunciar hoy mismo. Lo que tenemos claro es que el público que conoce el espectáculo lo disfruta mucho y es muy agradecido. Nos demuestra cariño y recomienda nuestro trabajo a sus amigos, lo cual es una gran ayuda para cualquier artista. Entonces, mientras pase que cuanto más gente conoce la obra más gente la recomienda, es nuestra obligación y compromiso seguir difundiendo lo que estamos haciendo para que el mayor público posible pueda acceder a ello.

¿Puedes pasar nombres de elenco así como rubros técnicos?

-Actores-músicos:

Bettina Nerguizian.voz

Pilu Spagnuolo: guitarra y voz

Nico Varela: bajo y voz

Sebastián Delgado: guitarra

Nacho Labrada: teclados

Martín Ibarburu: batería

Ilustraciones:

Virginia Patrone

Canciones:

Pilu Spagnuolo y

Nico Varela

Texto y dirección:

Piilu Spagnuolo

Producción musical:

Nico Varela

Videos:

Lucía Fernández

Fotografías:

Sebastián Mayayo

Sonido:

Gonzalo Novoa

Producción artística, vestuario y escenografía:

Compañía Granja de Piratas

Producción:

La Tramoya Productora

-¿Crees que se repetirá la aceptación de público pasando a otras salas

-¿Cómo saberlo? Si uno tiene que hacer de equilibrista más vale sujetar bien el cable y entrenarse en no perder el equilibrio. De nada sirve intentar controlar lo incontrolable.

-¿Has incursionado en obras para todo público o para adultos?

-Hice y participé en obras para adultos, obras en bares, teatros, auditorios, en la calle,  en bibliotecas, en todo tipo de lugares para toda la familia, aunque no me gustaría una obra para niños en un bar. Hice obras experimentales, obras con payasos, con poetas, con roqueros, con actores que estaban en otro país y participaban vía skype, obras con zancudos acróbatas,  con Atilio hicimos una obra en con pelea de magia vudú. Hice una obra en el Cabildo, obras con duelo de bananas, en el 2010 hicimos con tres personas más una obra que quiso distanciarse tanto del teatro tradicional que el escenario era toda la realidad; llegamos a llamarlo teatro 24 hs., si te sonaba el teléfono a medianoche para una entrevista había que responder en personaje, una cámara parecía que lo registraba todo, al punto que terminamos haciendo una serie de televisión en coproducción con Televisión Nacional y que se llamó La Huella de Sepé. Hice obras que no fueron obras, que fueron películas, sobre todo en los últimos tiempos, con mi esposa, Lucía Fernández, hicimos un largometraje que vamos estrenar el año próximo, estamos en producción de una serie policial, hicimos varios videoclips, trabajos para instituciones, para escuelas. También tengo el placer de algunos amigos me llamen a veces para encargarme alguna música para un espectáculo, algún texto, o un videoclip, como pasó con Nico, y en el que estamos trabajando para rodar el año que viene. Disfruto de participar dónde el trabajo y la pasión participan en partes iguales, me gusta la construcción de ficción e imaginarios en equipo con gente talentosa e inspiradora. En cierto sentido música, teatro y cine siempre formaron parte del mismo caldo que me gusta cocinar y beber a la vez. Y también el circo, por supuesto, en donde siempre me sentí identificado con el clown, oficio al que le tengo el más solemne de los respetos.

¿Prefieres al actor, al director o ambas actividades?

-Es más o menos lo mismo. Si el material que estás generando te gusta, te da igual dónde juegues, siempre que estés jugando y disfrutándolo. El trabajo de director es un poco más de responsabilidad en teoría, aunque tuve la suerte de trabajar con grandes actores que me ensañaron que no hay personajes pequeños, de lo que se deduce que no hay responsabilidades pequeñas. Lo de dirigir es una responsabilidad de otro tipo, pero también tiene una recompensa particular, es un juego de imaginación ambicioso donde uno hace el trabajo del granjero-espantapájaros, regando y cuidando que todas las semillas crezcan y florezcan con alegría e identidad propia, conmoviéndose con el fruto de cada una de esas plantitas, apreciando cómo se plasma el paisaje, en lo posible siempre mejor y más sorprendente de lo que te habías imaginado.

Entrevista Original: cooltivarte.com/portal/granjero-espantapajaros-entrevista-a-rodrigo-spagnuolo/

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